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Un día en el Refugio Collado Jermoso

9 septiembre, 2022

Trabajar en un refugio de montaña es algo apasionante, no se puede negar. Pero como cualquier trabajo, siempre tiene sus pros y sus contras. Lo que es innegable, como bien se dice, es que los refugios son los faros de las montañas y día a día las personas que trabajan en ellos, cuidan de que así siga siendo.

Muchos pensarán que no deja de ser un trabajo meramente hostelero, pero detrás de esa fachada, se esconde una labor mucho más profunda, entre lo que está cuidar de todo aquel montañero que desee adentrarse en los Picos de Europa o en cualquier otro terreno montañoso del mundo.

Nuestro día a día empieza como casi todo lo bueno en esta vida, con un buen café. Arrancamos motores prontito, antes de que el sol haga su aparición y preparamos con detalle, para todo aquel que haya pasado noche y lo desee, un buen desayuno que se pueda meter entre pecho y espalda.

Lo importante es no escatimar. Pensamos que ese es el lema de un buen guarda. Que nadie se levante de la mesa con hambre y siempre, dentro de nuestras posibilidades, ofreciendo una dieta variada. Algo importantísimo para que una actividad acabe en éxito.

Una vez despedimos y deseamos buena a ruta al último de nuestros visitantes, nos ponemos manos a la obra para dejar Jermoso a la altura de lo que es. Un lugar impresionante y lo más limpio posible. Mientras unos compañeros, al son de una buena música en la radio, van sacando brillo, otros encienden fuegos para empezar a cocinar. Los mediodías no son lo más movido del refugio, pero siempre viene alguien con ganas de meter algo para el estómago.

Aquí lo principal es revisar nuestra agenda. Saber cuántos vamos a tener para la noche es clave a la hora de aprovechar nuestros recursos todo lo posible y no desperdiciar nada. Además es importante contar con todo aquel montañero que sufre de algún problema alimenticio y necesita un poquito más de cuidado en su plato.

Parece que ya va todo sobre ruedas, pero aún uno de nuestros protagonistas cinco estrellas tiene que despertarse… el cañero!

Con el cañero encendido toca reequipar el bar. Encender neveras, reorganizar las camas para las futuras visitas de la noche, amasar el pan y un sinfín de funciones más que hacen que los minutos vuelen.

A veces nos encontramos con imprevistos. Un baño atascado, un problema en alguna de las máquinas, tuberías rotas, montañeros extraviados, que necesitan una recomendación o lo peor de todo, un accidente. Donde todo debe ser lo más preciso posible y donde debemos dar lo que esté en nuestra mano, para facilitar las labores de los equipos de rescate y conseguir que haya un final lo más feliz que se pueda.

Como veis aburrirse no entra dentro de nuestros planes y no hay un día igual que otro.

Con las primeras luces del atardecer suelen ir marchando los que han venido a pasar el día y van llegando todo aquel que pasará noche.

Vemos todo tipo de rostros. Felices, cansados, exhaustos, eufóricos y alguna que otra cara seria, que suele mejorar con unas buenas zapatillas de descanso y una rica cena.  A veces toca curar alguna herida o darse una escapada fuera del refugio para dar ánimos a algún montañero, que no ve el momento de llegar y que los últimos metros se le han transformado en kilómetros.

Ya todos ubicados, registrados y descansados, damos nuestro empujón final. Vuelve la buena música, las ollas empiezan a calentar y entre risas y buen rollo vamos dando a todos de cenar. A veces nos toca avisar a algún despistado que se nos ha quedado dormido en la ducha o mientras estiraba el saco en el colchón. Intentamos que prime la puntualidad para que todo llegue a buen término y así poder terminar el día con la guinda final, nuestra increíble puesta de sol.

Nosotros nos conformamos con el rojizo de las montañas que se ve tras las ventanas. Aún queda labor por hacer y puede ser que algún montañero esté por llegar y necesite hidratarse, algo que meter al estómago y descansar. Para nosotros es tan importante que tanto los que llegan, como los que se van, consigan su objetivo final: un recuerdo inolvidable de Jermoso.

 

Refugio Collado Jermoso