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Hugo Lafuente nos cuenta cómo fue la UltraMx 515 km

15 noviembre, 2018

Muchos os preguntareis que es eso de un UltraMan, pues es un triatlón de larga distancia en la que el cuerpo, la cabeza y el corazón tienen que ir en una misma dirección. Las distancias a recorrer son 10 kilómetros nadando, 421 kilómetros en bici y 84 kilómetros corriendo. Esta prueba llevo muchos años queriendo participar,  pero nunca veía la oportunidad de poder hacerla  por falta de requisitos para poder correr y por falta de tiempo para prepararla, aunque una vez que conseguí todas las pruebas puntuables y vi mi nombre en la lista de aceptados, empecé a sacar tiempo de debajo de las piedras para conseguir cumplir mi sueño. Y así fue, después de dos aviones,  un rato de coche y más de 30 horas de viaje, me vi en Fresnillo, el lugar donde se corría el UltraMan y empezaba a creerme por fin que estaba a escasas horas de empezar…

PRIMER DÍA

Y de repente llega el día, me pongo el neopreno, caliento y mantengo una conversación conmigo  mismo sabiendo todo lo que había dejado atrás. Me concentro, abrazo a mis amigos a mi entrenador a mi familia y a los demás competidores que sin haber vivido mucho aún, ya notabas un amor por ellos que es difícil de explicar. Nos dimos todos la mano nos regalaron unas palabras preciosas la gente que estaba allí, y sonó el bocinazo de salida a las 8:00. Brazada tras brazada en un agua gélida alrededor de los 14 -15 grados comienzan a pasar las horas y ves como alguno de tus “hermanos ultras” se retira por hipotermia, pero tú mantienes tu compostura y con mucha pena de no poder cruzar la misma meta juntos, sigues avanzando y cuando me doy cuenta y tras 3 horas 28 minutos y 49 segundos salgo del agua y me gritan: «vas cuarto sigue así». Hago una transición lo más  rápida que puedo  dentro de lo frío que estaba el cuerpo y la torpeza que tienes en las manos, pero gracias a mi entrenador @chiquitrainer y mi hermano Álvaro me ayudan a cambiarme, monto en mi bici y comienzo a pedalear. En el coche,  me seguían unos grandes amigos que me mimaron más de lo que lo hubiese mimado yo mismo: palabras de ánimo, cremas, medicamentos, sonrisas y abrazos…

Ya por el kilómetro 35 de la bici ,consigo adelantar a Nick Mallet organizador del UltraMan de Australia (gran persona) y colocarme en tercera posición. Llegamos al kilometro 60 y empezamos a subir el puerto de La Bufa, que  al llegar arriba, sólo me quedaba bajar y llanear hasta completar los 135 kilómetros que me separaban de la meta. En ese momento sólo pensaba: «vaya debut el primer día y voy el tercero, no puedo dejar que nadie me adelante». Pero en el 120 me dicen que Valentí San Juan me estaba recortando e iba muy cerca de mí. En ese momento “desconecté” mi cabeza y empecé a pedalear como si fuese el último día de carrera, sólo preguntaba cómo iba, porque la fatiga muscular era importante y no quería aflojar.  A lo lejos vi el pueblo, donde me esperaba un federal con la moto que me guiaría hasta la meta. Empezó a asomar una sonrisa en mi cara y al cabo de unos pocos minutos, estaba cruzando esa línea de meta manteniendo la posición, la gente gritaba como si me conociesen desde pequeños o fuesen mi propia familia, la gente empezó a pedir autógrafos, fotos, abrazos me hicieron sentir muy  especial. Será algo que nunca olvidaré. Después de esta maravillosa sensación y disfrutar de los míos, me di una ducha, cenamos y pronto a descansar, que en pocas horas comenzábamos otro día.

SEGUNDO DÍA

Despertamos muy temprano para revisar la bici y me preguntó Chiqui: «¿cómo te encuentras? ¿Tienes ganas?», a lo que yo le contesté: «demasiadas, me encuentro bien, hemos preparado esta prueba al detalle y creo que no voy a fallar».  Con el estómago muy cerrado por los nervios, conseguí desayunar un poco de zumo y algo de bollería. Al poquito, ya estaba en la línea esperando esa ansiada salida. Conversamos con otros participantes y con caras de circunstancia, escuchamos la señal para empezar a pedalear los primeros kilómetros con una luz en la bici porque aún era de noche y de esta manera , pudimos ver un precioso amanecer surcando unas carreteras interminables, atravesando unos pueblos con una magia especial y una gente que te ofrecía todo y te animaban como si fueses el mismísimo ídolo de cada uno de ellos. Los primeros kilómetros pasaron rápidos por el aire de culo. Avanzábamos a unos ritmos que asustaban, pero de repente llegamos al check point, y sorpresa: ¡los 60 kilómetros que llevábamos con una ligera bajada y el aire a favor se convirtieron en lo contrario, ligera subida y aire en contra. Tras 50 kilómetros de estos, mi cabeza empezó a fallar, la espalda me empezó a doler demasiado y paré. Estiré, me desahogué con mi CREW, comí, bebí, tomé medicación para ese dolor,  me volví a subir en la bici, continué pensando que el dolor cesaría pero no, persistió, pero mi cabeza no se daba por vencida. Hablé con mi equipo y me preguntaron que si iba mejor. Les contesté que igual. Asií que decidieron adelantarse y pedir alguna crema al equipo de Lorena que amablemente no sólo me ofrecieron la crema, sino que me ofrecieron hasta un masaje de la fisioterapeuta que la acompañaba. Como no quería perder más tiempo, les di las gracias y continué, paré, estiré, me dieron la crema y me alivió un poco. Continuamos devorando kilómetros. Iba en las posiciones de atrás, sin embargo,  sabía que me quedaban piernas, un puerto por subir y algo más de cuatro horas de bici. Ya acercándonos al puerto kilómetro 200, empecé a remontar gente e ir subiendo. Mi espalda iba poco a poco mejorando, pero sin tirar cohetes. Seguía viendo gente y eso hacía que me viniera arriba. Cuando conseguí coronar el puerto, parada rápida, estiramientos, comida, bebida, y a funcionar. Sólo me separaban de la meta algo más de 2 horas. Mis piernas sólo querían dar pedales a un ritmo constante pero mi cabeza me pedía todo el rato más, así que sin dudarlo fui subiendo el ritmo, adelantando a 8 de mis compañeros y conseguir entrar por la meta en 10 horas 21 minutos y 37 segundos. Este día entré el número 14 de la general y ya en la clasificación de los dos días me colocaba el séptimo. No me preocupaba, ya que en el mejor de mis pensamientos decía que terminar sería un gran logro.  Tras conversar una vez recuperado, habiendo vivido momentos de risas, un masaje recuperador, una buena  ducha, ya cenamos y analizamos el día. Sabíamos que sólo nos separaban de cruzar la meta las últimas horas de carrera y en una disciplina que para nada soy bueno pero en la cual me siento muy confiado. Así que a soñar rápido que a las 6:00 de la mañana arrancábamos.

TERCER DÍA

Último día: 84k run, 6:00 de la mañana, temperatura algo fría mucha humedad y nervios de no saber cómo respondería mi cuerpo para correr dos maratones a 2.500 metros de altura en el semidesierto mexicano. Un día más suena la bocina y comenzamos a correr, mis piernas sorprendentemente iba bien y la estrategia que teníamos planeada decidí saltármela un poco y correr casi 30 segundos más rápido el kilometro. Empezaron a pasar los kilómetros y a las 2 horas el calor ya empezaba hacerse notar demasiado, y solo eran las 8:00 am.  Camiseta empapada y muchas horas por delante. En ese momento no había problema porque la cabeza y las piernas estaban respondiendo como a mí me gusta, por lo cual seguí  disfrutando y sumando. Pasé la media maratón y los puestos ya empezaron a definirse un poco, la gente comenzaba a separarse como era previsible, pero de repente alrededor del 30 km me crucé con otro competidor: Beto Villa (actual recordman del decaironman) del cual no sabía mucho, por no decir nada. Empezamos a conversar y cuando nos dimos cuenta ya estábamos atravesando el primer maratón en un tiempazo increíble: 4 horas y 20 minutos. Seguimos conversando, pero más pausadamente. El sol calentaba muchísimo y rondaba los 40 grados, sabíamos que nos quedaba algo menos de la mitad, pero Beto en esta ocasión iba mejor que yo y le insistí que por favor continuase que yo necesitaba caminar un poco, beber y comer algo. Y así fue, él siguió su rumbo, y tras unos minutos yo conseguí recuperar. Ya por el 70 poco a poco me recompuse y fui cogiendo el ritmo que Chiqui me marcaba y empezamos a pasar gente. No daba crédito. Me volví a cruzar con Beto, seguí conversando con él y no quería separarme. Me contaba historias que pensé que no podrían ser verdad, ¡es el organizador del doble deca ironman!, ¿ómo es eso? 20 ironman seguidos… yo en ese momento pensé: «Hugo esprinta que esto al lado de lo que hace la gente no es nada (jajaja)» . Me despedí de Beto y decidí seguir. Me encontraba bien y después de 505 kilómetros recorridos era un simple trámite. Conseguí  también adelantar a un corredor local de Fresnillo, mi moral seguía haciéndose más grande. Conseguí evadirme por momentos del cansancio gracias a los ánimos del equipo, y cuando miré el reloj marcaba el kilometro 80. Empecé  a entrar en el pueblo,  a ver cómo la gente se volcaba, cómo mi sueño rozaba la realidad. Pensaba y lloraba de emoción, de amor, ya solo me separaba una pequeña subida donde podía divisar a mi mamá y a mi hermano e incluso a mi papá aunque no pudiese venir. Ahí giraba a la derecha y me encontré con esa cinta que me decía que lo había conseguido, que era Finisher, un vuelco de sentimientos que jamás podré expresar, pero que sí espero que os podáis imaginar, no era consciente de haberlo conseguido, todo ha pasado muy rápido, no quería que terminase ese momento. Para esto ha sido imprescindible el cariño que me habéis transmitido de una u otra manera.

Ya han pasado dos semanas de la prueba y me siento muy bien. He aprendido a caminar de la mano con mis miedos y por eso he decidido que mi próximo reto me ponga contra las cuerdas. Voy a realizar la distancia de tres ironman sin parar ,es decir: 11,4 kilómetros nadando, 540 kilómetros en bici y 126 kilómetros corriendo, en la modalidad non-stop . Para ello cuento con un límite de 60 horas, pero ahí no acaba t.odo, permaneced muy atentos a la redes sociales de +8000  porque voy a llevar un equipo muy especial que pronto os presentaremos

Hugo Lafuente Gómez